Category Archives: Cibercultura

23 January 2017

Un salvavidas en el medio del mar

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Hace una década y poco más, la idea del periodismo ciudadano resultaba atractiva: yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos íbamos a poder tener un medio de comunicación propio capaz de producir contenidos con un dispositivo cada vez más barato (una notebook, un celular, una tablet) y desde ahí transmitir información las 24 de los siete a la web. “We the media” era uno de los libros de un fulano llamado Dan Gillmor que lideraba esta idea. Bueno, eso pasó. Ahora todos podemos ser un medio de comunicación rodante que desde cualquier lugar y momento, publicamos y repartimos en redes sociales, blogs, apps y whatsapp todo lo que se nos antoja. Pero lo que muy poquitos advirtieron fue que, si eso pasaba, iban a ocurrir al menos dos cosas:

1) los grandes medios llamados tradicionales dejarían de tener su peso, su influencia y, en los peores casos, su credibilidad.
2) Las redes sociales como Facebook iban a quedarse con todo ese peso y toda esa influencia y toda esa credibilidad que los grandes medios iban perdiendo por el camino.

Los puntos 1 y 2 se cumplieron a toda velocidad. Como un tsunami.

Tras ignorar una docena de advertencias de todo tipo por parte de medios y ONGs, ahora Google y Facebook se unieron para anunciar juntos que le pondrán trabas a los sitios que publiquen noticias falsas (fake news) y controlarán más la viralización de ese tipo de información.
Google cortará el hilo por donde más conoce: la publicidad. El buscador restringirá los avisos publicitarios en los sitios que “falsifiquen o malinterpreten y oculten” información. Habrá que ver cómo se las arreglarán en Google para definir los límites con los cuales se juzgarán ese tipo de noticias. Hasta el momento no dieron a conocer tales detalles, pero la sola idea de un control de información es muy peligrosa. ¿Tendrá idea Google donde se mete?

La gota que rebalsó el vaso de su papelón fue el día anterior a las elecciones en los Estados Unidos cuando en el primer resultado en inglés de Google si uno buscaba los números finales de las encuestas, aparecía (¡durante varias horas!) el sitio de noticias falsas (pero muy graciosas) “70 News”. Los números eran cualquier cosa menos verdaderos. Daban ganador a Donald Trump por amplio margen.

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Facebook -la fuente principal de información de los estadounidenses- también está en el centro de las críticas. En la red social permitieron, durante toda la campaña, la proliferación de noticias tan falsas como insólitas. Una de ellas era que el Papa Francisco apoyaba a Trump. La mentira fue viral: cosechó miles de likes, comentarios y compartidos. Zuckerberg, siempre rápido para salir a defender a su empresa, dijo que era una locura pensar que la circulación de este tipo de contenido basura podía influir en el resultado de una elección. Y preguntó por qué pensaban que la red social podía publicar información falsa de un candidato pero no sobre otro. Cuando aclarar, oscurece.

El desconcierto es total. El mundo exige explicaciones sobre por qué ganó Trump y los medios señalan a los medios que se equivocaron en apostar por una victoria demócrata segura. Y ahora señalan a los encuestadores de opinión y también a las redes sociales, a los buscadores y a mi tía Daniela. Lo cierto es que todos quedaron mal parados, desprotegidos, descolocados, sin poder entender. O como se dice en mi país, con el culo al norte.

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Ya resulta agotador. Hace tiempo que está de moda vaticinar algún tipo de fin. Del trabajo, de los autos, de los hoteles, de los blogs, de la historia, de las PC, de la TV por cable, de los libros de papel, de los cines y de los taxis. También se habla mucho, por supuesto, del fin de los medios y, ya que estamos, de los periodistas. Se asegura sin ponerse colorado que el periodismo puede ser reemplazado por algoritmos, por robots, por códigos, por fórmulas matemáticas, por caballos y por cualquier cosa que sea más barata y más rápida para armar y publicar una noticia que lo que tarda un reportero de carne, piel y huesos.
El periodismo está en su peor momento. Los medios no le encuentran la vuelta al negocio, los periodistas cada vez tienen menos trabajo y hace horas nada más, Donald Trump, recién electo presidente, se refirió a los periodistas como malas personas, mierdas, peores que las putas. La verdad ya no importa, los periodistas no hacen falta. Los grandes medios ya no influyen.

Sin dudas, hubo tiempos de mejor prestigio.

Pero quedan esperanzas. Todos los intentos de robotizar las noticias (incluído uno de Facebook a principios de 2016) resultaron un fracaso y un papelón.

Pero en lo personal estoy cada vez más convencido de que es ahora, en estos momentos de desconciertos mundiales y de todos los colores, de crisis infinitas a todo nivel, de vaciamiento de las ideas y de la verdad, es ahora en que el mundo necesita de más y más periodistas. Más y más medios. Más y mejor información. Mucha más gente capaz de informar como corresponde. Periodistas que hagan su trabajo con las reglas más básicas de este tan querido y desprestigiado oficio: averiguar, preguntar, ver y contarlo de la mejor forma posible.

Será aferrarnos a eso como un salvavidas en el medio del mar.
O no será nada.

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27 February 2015

Un sistema operativo para las casas inteligentes

(columna publicada en El Cronista el 13 de febrero de 2015)

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Una de las últimas tendencias tecnológicas más fuertes es la Internet de las cosas (“Internet of Things” en inglés, IoT), que significa dotar a todos los objetos posibles con sensores, conectarlos entre sí y con nuestros dispositivos como celular y tablet para gestionarlos remotamente, recibir la información de esos objetos, almacenarla, gestionarla y tomar decisiones a partir de sus resultados. Desde las zapatillas que nos indican cuanto corremos o una puerta hasta electrodomésticos, semáforos, relojes, cepillo de dientes, ropa, juguetes, muebles, autos, lámparas, etc. Todo lo que pueda ser conectado, será conectado. Esto ya es una realidad. Pero ahora el tema clave ya no es ese sino el cómo se conectarán las cosas. Es decir, qué tipo de conexión y bajo qué protocolos y sistema operativo (software) lo harán.

En ese sentido, la coreana Samsung ya dio el primer paso con determinación y lanzó Tizen, el nuevo sistema operativo para unificar el funcionamiento de todos los productos que tiene dando vueltas en el mercado: celulares, tablets, cámaras de fotos, impresoras, televisores, heladeras y otros electrodomésticos. Es decir, se trata del sistema operativo que será la base para desplegar su estrategia clave: el hogar inteligente. BK Yoon, el actual CEO y Presidente de Samsung, puso especial foco en esta tendencia y por eso los coreanos compraron a mitad del año pasado la empresa SmartThings que entre otras cosas, permite unificar los estándares de conexión entre los objetos en un solo “hub”, un especie de enchufe de energía ubicado dentro del hogar y controlado desde el celular. Prender una lámpara a distancia será algo común en poco tiempo. En ese camino también va Google, que compró los termostatos inteligentes Nest (de Tony Fadell, un ex Apple creador del iPod) en 3200 millones de dólares.

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20 November 2014

¡Chau tercerclick!

La aventura de tercerclick, la agencia de comunicación y social media que formamos con Sebas Almada hace ocho años, llegó a su fin. Es tanto lo que aprendí y me llevo que me cuesta ponerlo en palabras, pero haré el intento.

Empiezo por el trabajo que hicimos. No me importa si queda poco modesto decirlo, pero lo hago porque creo que es importante resaltarlo para que se sepa porque es justo y para que quede registrado por si alguna vez alguien quiere repasar los orígenes de la comunicación digital en nuestro país.
En tercerclick fuimos pioneros en llevar a las marcas de productos y servicios a los blogs, las redes sociales y otras plataformas digitales. Fuimos los primeros en poner banners de publicidad en blogs, cuando allá por 2007 empezaban a tener cada vez más audiencia y a cambiar la manera de leer y compartir información en la web. Las empresas no sabían ni que era un blog! pero nosotros se los vendimos.

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Apostamos a muchos blogs con contenidos de calidad. Sería imposible nombrarlos a todos porque habremos trabajado con más de 70 blogs, pero me vienen a la mente Sicrono de Nico, Conz, Son Cosas Mías (de Capitán intriga), La Propaladora, de Vani Berghella, Que la pases lindo, de Milton, el blog de Fabio, Bestiaria (de Caro Aguirre, hoy guionista exitosa de Guapas), el blog de Rugby de Jorge Búsico, Amo la moda, DotPod de Fede, los de Mati Dutto, el de Juampi Sueiro, La Redó, TicEspor de Javier, Dame Pelota de Pablito, el de Ceci Saia, el blog de viajes, de Jorge Gobbi, Denker Uber, de Mariano, el blog de Dani Hacker, el de Candelaria, Viajo como el orto, este, el mío eBlog y tantos otros. Perdón si me olvido de alguno. Con cada uno de ellos hicimos de todo. Los cruzamos para que algunos escriban en blogs de otros (Pepsi), escribieron en blogs hechos para marcas (Lays), lanzamos todo tipo de productos, viralizamos videos (algunos imposibles!), convencimos a las marcas de incorporar a los bloggers a eventos destinados solo a prensa tradicional y hasta los hicimos protagonizar avisos de TV solo para banners! (Chevrolet). Y, aunque parezca increíble, los hicimos correr un 10K de Nike!!

Convencimos a las marcas a que apuesten por una manera diferente de llegar a audiencias nuevas que cada vez más se alejaban de los medios tradicionales. Hoy, ocho años después, confirmamos que no estábamos equivocados.

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Después saltamos a YouTube y a Facebook, donde habremos desarrollado y mantenido día a día unas 50 fanpages, desde MTVLA y Tea Connection, hasta Mc Donalds para cinco países de la región, Twistos, Cerealitas, SushiPop (una comunidad impresionante), MovieCity, Cinecanal, Tita y Rodhesia, Schneider, los espacios de Ciega a Citas y Todos contra Juan (TV) y varias más que ya no recuerdo. Hicimos acciones para marcas de ropa, chicles, celulares, libros, películas de cine, bebidas, etc.
Y mucho de eso lo hicimos en aquellos 2008, 2009 y 2010 cuando todavía casi no existía la figura del “community manager” que hoy es común en la industria y cuando algunas marcas todavía no sabían ni qué eran las redes sociales. Pero nosotros estábamos convencidos de los beneficios de la nueva comunicación y lo hicimos.

Tuvimos algunos grandes aciertos. Ahora recuerdo dos: el lanzamiento de la camiseta adidas de la selección de fútbol para la Copa América 2011 en “La camiseta de todos”, una acción online inédita en el mundo, que fue premiada acá y reconocida por la casa matriz de adidas en Alemania. Y también fuimos elegidos para re-lanzar el alfajor Suchard hace casi dos años en una acción exclusivamente online que tuvo mucha repercusión en todas las redes.
Y por último, hace unos años, también fuimos de los primeros en generar relaciones entre tuiteros (famosos y no famosos) y marcas, mucho tiempo antes de que se llamen “influencers” y cuando Twitter apenas empezaba a dar sus primeros pasos.

En fin… hicimos de todo. Fueron años muy divertidos, intensos, creativos, generosos, poderosos. De mucha exploración profesional. Literalmente, era como trabajar en un terreno inexplorado donde se nos ocurría una idea y probábamos llevarla a cabo. Aprendimos mucho, conocimos grandes personas (clientes, bloggers, periodistas, empleados de tercerclick que hoy trabajan en grandes agencias, colegas de otras agencias, etc.) y sobre todo, hicimos todo lo que quisimos hacer.

Pero creo que, como toda etapa, esta llegó a su fin. Desde hace por lo menos un año que mis ganas no son las mismas en torno a las posibilidades que ofrece el social media para las marcas. Hay demasiadas agencias de social media (en 2007 no había ni tres) y el mercado está muy saturado de ofertas. Entonces creo que hay que saber reinventarse e ir por más. Pero sobre todo, hay que saber cuando hacerlo. Y creo que este es el momento. Es momento de ir (de nuevo) hacia lo nuevo. Por eso decidimos darle un final a tercerclick. Sebas sigue liderando este proyecto y se une a una agencia que desde sus inicios fue nuestra amiga, Interactivity. Seguirá allá explorando la comunicación online, la innovación y buscará crecer en todo sentido. Seguro que hará cosas muy buenas, como siempre hizo.
Y yo sigo mi camino con varios proyectos en mente vinculados a los temas que desarrollo en mi nuevo libro (“Futuro Inteligente”) y, como siempre, escribiendo contenidos en todos los lugares donde pueda con la tecnología, los nuevos medios y la innovación como rectores principales.

Nos vamos felices, contentos, agotados. Satisfechos de haber hecho algo que nos enorgullece, da haber dado todo para construir un espacio innovador y de libertad creativa, tanto para nosotros como para las marcas que confiaron en esto. Un lugar por donde pasaron muchas personas y clientes que hoy hablan muy bien de nosotros. Eso nos pone muy contentos.
Me llevo una enorme experiencia de vida y sobre todo, me llevo lo más importante: la amistad de Sebas, con quien siempre volveremos a cruzarnos para pensar en algo nuevo, tal como lo hicimos hace ocho años sentados en aquel bar donde nació tercerclick.

Millones de gracias a todos los que de alguna manera formaron parte de esta aventura,

Hasta pronto!
Lalo

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12 November 2014

Kevin Spacey y el Big Data

¿Ustedes vienen a Las Vegas a las ocho de la mañana para hablar de Big Data y análisis de datos? Están enfermos”, arrancó Kevin Spacey el miércoles, en la última jornada de la conferencia anual IBM Insight 2014 que la empresa organizó en esta ciudad. El famoso actor, productor y director norteamericano fue el invitado estrella que subió al escenario de un estadio repleto para contar su experiencia como productor de la serie House of Cards y el uso de tecnología. ¿Pero qué relación hay entre datos digitales y la serie? Mucha.

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Cuando Spacey presentó el proyecto de un thriller político en la Casa Blanca fue rechazado por varias productoras de televisión. En cambio, Netflix apostó por la idea y ganó. La decisión se basó en los datos que almacenan y analizan en tiempo real y que generan los más de 40 millones de usuarios abonados al servicio online. Big Data para saber al detalle el comportamiento, los gustos y las preferencias de cada miembro de la audiencia. Netflix puede saber, por ejemplo, qué género prefieren ver los usuarios de una ciudad respecto a otra, según la edad, sexo, etc. O qué actor o actriz buscan las mujeres uruguayas de 40 años. Después pueden cruzar todos esos datos con algoritmos matemáticos. Y así. Miles de variables que luego la empresa usa para detectar tendencias, realizar pronósticos y hacer recomendaciones bien ajustadas a cada usuario. Entonces en el caso de Kevin Spacey, Netflix fue a sus datos y predijo lo que la gente podría querer ver. Sin haber visto ni siquiera el piloto de House of Cards, invirtió 100 millones de dólares para producir los 26 capítulos de las dos temporadas de la serie protagonizada por el ambicioso Frank Underwood. Los datos no se equivocaron: House of Cards fue un éxito rotundo, que ganó tres premios Emmy y logró que los abonados a Netflix aumentaran un 20 por ciento el año pasado. Además quedará en la historia por ser la primera serie en haber sido gestada en base al análisis de Big Data.

“No tengan miedo de abandonar la zona de confort y de agarrar las oportunidades que los análisis de datos les brindan”, dijo Spacey en la charla que duró una hora. Con un gran sentido del humor, el actor hizo un repaso de su carrera para explicar los momentos cruciales de su vida, en donde el riesgo y la audacia fueron fundamentales para su crecimiento como actor profesional.

“En la industria de la TV entramos en la tercera edad de oro. Hay una enorme explosión de creatividad gracias a la velocidad de la tecnología actual. Sin dudas aprendimos la lección que nos dejó la industria de la música. Ahora nuestro desafío es mantener la llama viva de esta revolución en la programación, buscando historias y talentos nuevos”, dijo Spacey, ganador de dos premios Oscar (uno como mejor actor por American Beauty en 1999)

“Netflix analiza a su audiencia, tiene toda la data posible sobre ellos. Cuando les presenté House of Cards, ellos sabían cómo responde específicamente el público a un drama político, al director David Fincher y, afortunadamente, sabían que la gente me conocía a mí. Ellos sabían lo que la gente quiere ver, antes de que lo vea”.

“Ellos confiaron en la historia, en que los actores actúen, los productores produzcan y los directores dirigan y lo más importante: que los guionistas escriban. Nos dieron libertad para contarl a historia de la manera que queríamos contarla. Y lo que este modelo probó es que cuando se confía en los creativos, la cosa funciona”.

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“Data le permitió a Netflix realizar el cambio y ahora el mundo está siguiendo ese camino que rompe paradigmas. HBO acaba de anunciar hace unos días que para 2015 pondrá sus contenidos online para poder suscribirse por fuera del sistema de cable. HBO! Y también hace unos días CBS anunció que pondrá sus shows más vistos para verlos vía streaming por Internet. Este es el comienzo de la batalla y el ganador será, lo puedo declarar ahora mismo: ustedes”.

Un poco de olfato, otro poco de Big Data. Esa parece ser la fórmula de la industria de la televisión para conquistar el futuro.

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Es un thriller político basada en la novela de Lord Dobbs de 1990, dirigido por David Fincher y protagonizado por Kevin Spacey, que también fue el productor de la serie. La serie generó polémica porque desnuda los engranajes privados de la política, los empresarios y los medios de comunicación. Spacey encarna a Frank Underwood, un despiadado y ambicioso congresista estadounidense en Washington y un habilidoso operador político cuyo objetivo máximo es la Casa Blanca. Como guiño, el actor suele romper la llamada “cuarta pared” y en el medio de una escena, mira a los ojos del espectador y le hace algún comentario.

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24 October 2014

Todos somos stalkers

La curiosidad mató al gato, pero mantiene vivo al usuario de las redes sociales. Porque si algo trajo la explosión de la llamada Web 2.0 es el fisgoneo virtual. Con un par de clicks o desde nuestros smartphones podemos saber donde están los demás, qué están haciendo, con quién,
qué comen habitualmente, la ropa que usan, los tragos que toman, el nuevo corte de pelo. En fin, todo lo que quieren que veamos. Y de gente que jamás vimos! Podemos saber el día a día y el minuto a minuto, de personas que tal vez no veamos nunca.
Todo está ahí a la vista. Si Andy Warhol viviera, hoy invertiría su famosa frase: “En el futuro, todos vamos a tener nuestros 15 minutos de anonimato”.

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Creo que todos somos stalkers. Y potenciales víctimas. La diferencia está en el grado. Pero diferenciemos. En realidad stalker, palabra anglosajona, significa acechar y describe un cuadro patológico de quienes acosan obsesivamente a sus víctimas. Primero espían pero después pasan a la acción física como perseguir por la calle, llamadas por teléfono,
envío de cartas, regalos, amenazas en público y privadas, etc.
Sin llegar tan lejos, asumamos que nos gusta espiar al otro en las redes. Saber de la intimidad ajena, a dónde se fue de vacaciones el vecino, el amigo del amigo del amigo, esa chica que nos gusta, ese que no nos da bola. El chisme no es algo propio de esta época digital, por supuesto. Es horrible pero viene de hace muchos años. Muchos! Infinidad de películas (un clásico imperdible: La ventana indiscreta, del gran Hitchcock), series, libros y obras de teatro tocaron el tema de la intimidad y el morbo que genera en el otro. Lo que ocurre es que ahora con Internet todo se potencia y los actuales stalkers trabajan muy rápido, a la velocidad de la banda ancha, y disparan clicks atrincherados detrás de las muros de las redes sociales.

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Es veneno para un stalker darse cuenta de que la persona a espiar tiene el candadito en twitter o cierra su perfil de Instagram para que solo puedan ver las fotos quien esté autorizado. Por eso pensemos dos o tres veces antes de subir una foto, una frase o un video, si realmente queremos que TODO el mundo pueda ver eso. Podemos ahorrarnos un dolor de cabeza en el futuro porque ya saben que lo que se sube a la web, lo que se comparte con algún amigo vía email, no se borra nunca más.

Y cierro con una frase que alguien me puso en twitter: “No soy tan stalker como pusiste en tu diario íntimo”.

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23 October 2014

Las ideas no se manchan (se retroalimentan)

Columna publicada en la revista Reporte Publicidad de noviembre

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YouTube le debe la vida a la banda ancha. Sin internet a una velocidad digna, la creación del trío Chad Hurley, Steve Chen y Jawed Karim en febrero de 2005 hubiese sido solo una idea curiosa. Imaginemos subir un video de 50 megas usando el dial?up. Imposible. Apenas un año después de su creación, Google pagó 1650 millones de dólares para comprarlo. Jawed Karim ya se había ido de la empresa, convirtiéndose en una especie de Pete Best de la industria tech. Pero YouTube no sólo cambió la manera de consumir material audiovisual en el mundo. También modificó la industrias de la TV, del cine y de la música. Netflix, que no nació como servicio de streaming de películas y series, obligó a la industria de la TV a reformular sus estrategias online. “Tenemos que convertirnos en HBO antes que HBO se con? vierta en Netflix”, fue la frase hoy ya conocida que dijo con mucha visión el arquitecto de Cloud Adrian Cockcroft, responsable de que cada película de Netflix llegue a nuestras pantallas. Netflix, que ya tienen más de 40 millones de usuarios que pagan puntualmente todos los meses 8 dólares (¡saquen cuentas!), comenzó a producir películas y series propias, como House of Cards y Derek (una joya inolvidable). Y el Big Data es una de las claves de su éxito.

Hace poco mi madre me mandó un WhatsApp: #abrigate. Ahora en diarios y revistas pero sobre todo en la TV, abundan los hashtags, esas palabras precedidas con el numeral que Twitter popularizó e instaló, a la velocidad de la luz, en nuestro lenguaje y cultura moderna. Pero lo más interesante de todo este asunto es que no fueron creados por Twitter sino por un usuario llamado Chris Messina, un diseñador que allá por agosto de 2007 le pidió a sus seguidores que usaran el # para agrupar y ordenar temas.

Llegué a Barcelona en pleno Mundial de Fútbol y el aeropuerto era un caos. ¿Qué pasó? Paro histórico de taxistas por pri? mera vez en la historia de la ciudad. ¿Por qué? Porque rechazan el funciona? miento de… una aplicación móvil! El ser? vicio Uber es un boom en varias ciudades del mundo. Fundada en 2009 por Garrett Camp y Travis Kalanick, conecta a personas que quieran viajar a algún destino de la ciudad. Los que tienen un auto particular y quieran hacerse unos pesitos como choferes, se registran en el servicio y suben su perfil online. La reputación es dada por los pasajeros, que pueden pagar con tarjeta sin dinero en efectivo desde la misma aplicación, ver en un mapa dónde está el auto, etc. Hasta hoy se pirateaba cualquier contenido, pero ¿qué taxista imaginó que una aplicación iba a piratear el transporte? Ninguno. Lo mismo está pasando con el rubro hotelero e inmobiliario, disgusta? dos por el avance de Airbnb, el servicio online que desde 2008 conecta a propietarios con inquilinos temporales. Según Wikipedia, ya tiene una oferta de 800 mil viviendas en 192 países y millones de usuarios que pululan por el mundo durmiendo en casas ajenas por unos pocos dólares la noche.

lalo107Pero ¿se puede piratear todo? Me animo a pensar que sí. También en Barcelona, el proyecto textil OpenKnit.org basado en el principio de la impresión 3D, se propone piratear la industria textil. Lo impulsa Gerard Rubio, un simpático ca? talán de 29 años, estudiante de diseño textil, que armó una máquina de tejido similar a los viejos telares pero que se conecta a una computadora y, con un software de código abierto para introducir patrones, “imprime” una prenda de lana a partir de un dibujo diseñado en 3D. Parece una locura pero yo que ustedes lo seguiría de cerca.

Ideas nuevas, diferentes, originales. Que rompen, que cambian al mundo que nos rodea, que inspiran otras y que se retro? alimentan entre sí. Pero, ¿ cómo surgen esas ideas? ¿Nacen rupturistas o sus fundadores las tienen, las llevan adelante y después el tiempo y las diferentes circunstancias hacen todo lo demás? Se me ocurre ir a preguntarle a Sebastián Campanario, economista y periodista de La Nación, que acaba de publicar el interesantísimo libro “Ideas en la ducha” (Random House), que explora el origen de la mejor creatividad. “Hay un sesgo, en general, en el “relato” sobre cómo surgen las ideas, que pone énfasis en el “fenómeno Eureka”: nos enamoramos de las historias con un invento (un héroe) solitario, al que de la nada se le ocurre algo que termina siendo un éxito. La realidad es que este tipo de casos son excepcionales y el camino de las grandes ocurrencias es más colaborativo, oblicuo, azaroso y menos lineal de lo que pensamos. El azar y los sistemas complejos juegan un rol en todas estas historias mucho más relevante del que por lo general estamos dispuestos a asignarle”. Por las dudas, estemos atentos.

Ya lo dijo el maestro Bob Dylan en 1963: el mundo está cambiando.

*Lalo Zanoni es periodista especialista en tecnología y nuevos medios .

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22 September 2014

Tercera Bienal Kosice Latinoamericana

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No se pierdan la excelente muestra de Arte, Ciencia y Tecnología que se exhibe en el Centro Cultural Borges hasta el 28 de septiembre sobre el trabajo que están haciendo las nuevas generaciones de artistas tecnológicos utilizando software y tecnología. El objetivo de la bienal es tender un puente entre las empresas de tecnología y los artistas para fomentar el desarrollo del arte tecnológico en la Argentina.

La Bienal Kosice tuvo su primera edición en 2010 y esta tercera edición tiene un alcance latinoamericano. Se premian proyectos de obras de arte con desarrollo tecnológico, con lo que la muestra es de Ciencia, Arte y Tecnología basadas en la trayectoria del artista argentino Gyula Kosice, pionero en el uso de la tecnología en las obras de arte. Presentaron proyectos artistas de 10 países latinoamericanos. El sitio de la Bienal recibió 40 mil visitas, 14 mil de las cuales pertenecen a 80 países distintos.

Las obras son todas interactivas de modo que los visitantes forman parte de las obras y las modifican, característica ésta de las muestras de Arte en Nuevos Medios, donde una nueva generación de artistas dejan el pincel y el mármol para hacer uso de software, los robots y los sensores, entre otros elementos característicos del siglo XXI.

Las obras que se exhiben en el Centro Cultural Borges de la Ciudad de Buenos Aires de lunes a sábado de 10:00 a 21:00 hs. y los domingos de 12:00 a 21:00 hs. hasta el 28 de septiembre.

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15 August 2014

El hombre más buscado del mundo

(Columna publicada el 15 de agosto en El Cronista)

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Hasta los 30 años Edward Snowden fue un perfecto desconocido. Pero todo cambió cuando hace un año provocó la mayor filtración de la historia de los Estados Unidos. Hizo públicos casi dos millones de documentos secretos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, la poderosa rama militar del Pentágono que emplea a cien mil personas). Allí trabajaba Snowden hasta que filtró todo. Ahora es “el hombre más buscado del mundo”, como lo llamó la revista Wired en un reportaje exclusivo publicado esta semana.

Las filtraciones de Snowden incluyen documentos de PRISM, el programa de vigilancia electrónica masiva que diseñó la NSA. Los detalles son impresionantes y están relatados por el periodista Glenn Greenwald en “Snowden. Sin un lugar donde esconderse”, el libro que se convirtió en best seller en los Estados Unidos y que acaba de salir en nuestro país (Ediciones B). Es tan atrapante como el mejor thriller policial, con la diferencia de que todo lo que cuenta Greenwald es cierto. El abuso de la NSA y del gobierno norteamericano es tan indignante como meticuloso.

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Aunque lo nieguen de alguna u otra manera a través de prolijos comunicados de prensa y entrenados voceros, tanto Microsoft y Yahoo! como Google, Apple y Facebook, entre otras empresas, colaboraron con la NSA permitiéndole el ingreso a sus servidores. Así, el gobierno de Obama tuvo acceso directo e irrestricto a todos nuestros correos electrónicos, fotos, chats, videos, historial de navegación en la web, transferencias de archivos, mapas y una larga lista que incluye, por supuesto, todo lo que hacemos en Facebook: desde un like en una foto hasta un mensaje privado. Todo.

Las documentos filtrados también involucraron a la empresa norteamericana de telecomunicaciones Verizon, que fue obligada a darle a la NSA todos los registros de las llamadas telefónicas (fijas y celulares) que realizaron sus clientes. “En sólo treinta días la unidad de operaciones recogió datos de 97 mil millones de e-mails y 124 mil millones de llamadas telefónicas de todo el mundo”, escribió Greenwald, que fue el elegido por Snowden para publicar los primeros documentos en The Guardian. Según explica el periodista en el libro, el objetivo de la NSA fue bien claro: eliminar por completo la privacidad electrónica en el mundo recogiendo, almacenando, controlando y analizando todas las comunicaciones entre las personas del planeta.

Hoy el periodista es una figura internacional y fundó su propio pool de medios independientes: First Look Media, financiado con 250 millones de dólares por el multimillonario Pierre Omydar, el fundador de eBay.

Para el gobierno norteamericano, Snowden es un traidor y fue acusado de delitos criminales por filtrar esa información. Actualmente tiene asilo político en la embajada de Ecuador en la Rusia de Putín. Para muchos otros, Snowden es una especie de héroe que con su valentía marcó un antes y un después en la actual era digital y obligó al gobierno de EE.UU y a las empresas tecnológicas a no pisotear más nuestros derechos. “No quiero vivir en un mundo sin privacidad ni libertad donde se suprima el extraordinario valor de internet”, le dijo a Greenwald en un video que grabaron juntos en Hong Kong, donde se encontraron por primera vez para la entrega de los documentos prolijamente guardados en diferentes pendrives.

¿Cuál fue el objetivo que motivó a Snowden? Muy simple: “que los ciudadanos de EEUU y de todo el mundo supieran qué se estaba haciendo con su privacidad y su información”.

A un año del escándalo, Snowden puede decir que su objetivo está cumplido.

 

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21 July 2014

Permanecer y transcurrir

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(nota publicada en la revista Reporte Publicidad de julio 2014)

 

Permanecer y transcurrir no es perdurar, no es existir 

por Leandro Zanoni

Como el derecho a los quince minutos de fama que en su momento prometió Andy Warhol, ahora, en estos tiempos digitales, lo que se reclama es el derecho al olvido. A poder ser borrados del mundo. A no estar. A no figurar en ningun rincón de la Web. O lo que es lo mismo: el derecho a no ser.

***

Mario Costeja González, español, 55 años, perito calígrafo judicial. En 1998 su nombre salió en el diario La Vanguardia de Barcelona por culpa de un departamento suyo que iba a ser rematado por una deuda. González se divorció y pagó, pero años después su nombre junto a esa deuda seguía saliendo en los primeros resultados de Google cuando alguien tipeaba su nombre. Diez años después, en 2008, se hartó y fue a reclamar en la justicia.

El 13 de mayo el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, tras varias apelaciones de Google, le dio la razón. Los abogados del buscador repiten, como en todos los tribunales del mundo, que ellos solo indexan resultados alojados en servidores de terceros (un diario online, por ejemplo) y que no puede hacerse cargo ni responsable por lo que publican los demás. Es verdad a medias.

Google no puede pecar de ingenuo. La responsabilidad social que tiene como empresa es enorme. Sus directivos no deben ignorar lo que ellos mismos construyeron. Hoy Google es más que una empresa (que facturó el año pasado 60 mil millones de dólares). Es un símbolo cultural, uno de los más grandes de esta era junto a Apple, Facebook y Amazon. Es la llave y al mismo tiempo la puerta de entrada diaria de cientos de millones de personas en busca de información de todo tipo. Es también un gigantesco constructor de sentido y de cultura.

Si alguien publica mentiras, datos falsos, difamaciones, injurias, etc. en cualquier blog, twitter o plataforma, el contenido quedará ahí, estampado para siempre en los resultados de Google, pegado en las narices de quien busque información sobre esa persona, empresa o marca. Estar en Google es sinónimo de verdad, aunque sea mentira. Cuando la mentira es la verdad, canta Divididos.

***

¿Quiénes somos? En principio, si nos apuran, nadie dudaría en asegurar que somos las personas de carne y hueso que solemos ser fuera de Internet, en lo que se llama mundo off line. Pero cuidado. Si lo pensamos con menos prisa la seguridad empieza a tambalear. Nos daremos cuenta que nuestra conducta, cada vez más, está influida por lo que pasa en las redes sociales. Somos nuestros perfiles. Y lo que tuiteamos. Somos nuestros contactos y seguidores. El contenido que subimos y decidimos compartir en Facebook. Somos también lo que decidimos no hacer online. Lo que elegimos. Subimos esa selfie y no otra. Le damos “Like” a esa frase y no a las otras miles. Ignoramos a una marca pero queremos sacarnos fotos con productos de otra. O decimos donde estamos pero también escondemos donde estuvimos.

Somos avatares y arrobas. Lo que publicamos en Linkedin, nuestras fotos en Instagram.

Nuestro perfil online dice mucho de nosotros y de nuestra conducta. Nos identifica, nos construye como personas-marcas. Mucho más de lo que queremos, creemos o asumimos. La diferencia entre nuestro yo online y off line no es como, a priori, pensamos que es. Y más aún: creo que esa diferencia ya no existe. Somos un todo, reflejados en las pantallas de un celular que solo soltamos cuando dormimos.

 

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Pero también podemos no ser quienes somos. Sobre todo en twitter. El año pasado la cuenta de Víctor Hugo Morales (@vh590) denunció durante semanas a su falso alter ego (@victorhugo590). Pero suplicó tanto que lo dejaran de seguir que sin querer le dio más difusión. Fue una comedia de enredos: los usuarios se confundían sobre quién era quién y amplificaban (con RT) lo que el el relator trucho decía, que se mofaba del verdadero. Al final Twitter suspendió el falso pero les dejo un dato más para la locura: la cuenta verdadera del uruguayo es manejada por un colaborador suyo.

Pero cuidado que el derecho al olvido de Google puede ser un arma de doble filo. No debemos olvidarnos de ciertas cosas. Y acá recuerdo el caso del intendente de La Plata Pablo Bruera, quien durante las graves inundaciones de abril del 2013 usó su cuenta de twitter para mentir. Fue un tuit con apenas diez palabras que nunca olvidará: “Desde ayer a la noche recorriendo los centros de evacuados”.

Pero además, el intendente subió una foto donde se lo veía arremangando, ayudando con unos botellones de agua mineral en la mano. Todo era falso. La realidad es que el verdadero Bruera, el intendente de carne y hueso, al momento del tuit estaba de vacaciones en Brasil. Fue descubierto por un periodista de Perfil.com. Después del papelón tuvo que salir a pedir disculpas. Y por las dudas, le echó la culpa a un integrante de su equipo de comunicación. Es decir, a su otro yo.

El tuit y la foto subida por Brera da vueltas sin parar en la Web. Basta con tipear en Google las primeras letras de su apellido para que aparezca su condena online. Ojalá que el buscador no los borre nunca más. Para que nadie se olvide de lo que es capaz de hacer un mentiroso con poder.

 

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20 July 2014

Los desconocidos de siempre

En la revista La Nación del domingo, una recomendable nota sobre privacidad online y la batalla legal detrás de Google y Facebook.
El recuadro de la nota: “8 claves para ser un buen ciudadano en Facebook”, según… Facebook! El colmo del cinismo. Veamos dos de esas “claves”:

2: “No aceptar solicitudes de amistad de desconocidos”.
JAJAJA! Da risa. El éxito de esta red social se basa en aceptar, justamente, a personas desconocidas. De lo contrario, todos tendríamos como mucho 30 o 50 contactos y esto, publicitariamente, sería un fracaso para la empresa. que dicho sea de paso, factura miles de millones por año en publicidad. ¿Como nos vendería Facebook su publicidad diaria si tuvieramos solo amigos que conocemos?
Y por otro lado, si aconsejan eso, ¿porqué nos ofrecen a diario hacernos amigos de una docena de personas que NO conocemos?

Pero en la clave 8 nos recuerdan (y por las dudas, se cubren legalmente): “tener en cuenta que nada es realmente privado en las redes sociales”. O sea: subís algo, jodete.
Además esto es FALSO. Las personas tenemos derecho sobre nuestra imagen online y sobre los contenidos que subimos y compartimos. Más si esos contenidos son compartidos en forma privada. Lo que pasa es que tanto a Google como a Facebook, les molesta que ahora mucha gente accione judicialmente para defender su privacidad.

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