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9 June 2015

El espacio de todos

(Columna publicada en la revista Wobi de junio 2015)

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No son sus edificios. No es su historia. Tampoco su clima ni los monumentos. Lo que verdaderamente define a una ciudad, y la diferencia de otra, es su gente. Lo que hace, cómo se traslada, la forma y el estilo de vida, la convivencia y la interacción con los demás.
Y más aún, el corazón de una ciudad, por donde late el pulso social, son los espacios públicos. Es allí donde las personas socializan y realizan las actividades que trascienden los límites de los intereses individuales.
Tras el avance de la propiedad privada durante el siglo pasado, los espacios públicos quedaron relegados a las plazas y a poco más. Pero desde hace un par de décadas, el gran aumento en los precios del metro cuadrado en las grandes ciudades, obligó a los habitantes a vivir en espacios cada vez más pequeños. Salir de casa resultó indispensable. En la actualidad el espacio público recobró importancia y hoy volvieron a ocupar su función: resultan fundamentales en el entramado de las ciudades actuales y además representan las grandes transformaciones urbanas.
Un arquitecto los definiría como espacios dentro de una ciudad que quedaron afuera de la propiedad privada y pública. Se encuentran entre los edificios de empresas, los comercios, las Iglesias, museos y los hogares para vivir. Son de todos los habitantes y deben garantizar la libre circulación. Un sociólogo, en cambio, elegiría destacarlos por el alto valor simbólico, social, cultural y político que tienen dentro de una sociedad porque permite el intercambio de bienes y la comunicación entre sus miembros.

Las tendencias

No todos los espacios públicos son exitosos. ¿Qué hace que uno sea mejor que otro? Una de las claves actuales es la seguridad. Los expertos en urbanismo aseguran que se consigue en espacios donde haya más personas. A nadie le gusta sentirse solo y siempre es mejor estar rodeado de vecinos o turistas, aunque sean desconocidos. La gente que comparte un espacio público tiene el mismo objetivo: disfrutar el momento.
La iluminación también influye. Espacios como calles, avenidas, parques y monumentos que hasta hace poco tiempo se iluminaban de manera convencional, ahora requieren lámparas de LED de última generación que permiten por un lado una mayor vida útil y por el otro, un ahorro energético considerable. La ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, está terminando el proceso de reemplazo de 125.000 luminarias de calles y plazas.
Otras dos claves en espacios públicos son los espacios verdes, que sirven como pulmón de la ciudad, para renovar el oxígeno. También es necesario que haya espacios accesibles para sentarse cómodamente. Que cada persona pueda encontrar rápidamente su asiento, silla o reposera, sin depender de nadie. Tal como ocurre en grandes parques como el Central Park de Nueva York, el Hyde Park en Londres o los espectaculares jardines de Luxemburgo en París.
Por último, los espacios con conexión a Internet con WiFi abiertos y gratuitos atraerán a más personas.
Toronto tiene 8 mil hectáreas de espacios verdes y más de 3 millones de árboles distribuidos en más de 1500 parques.

Un buen espacio público no solo les modifica el día a día a las personas que viven en las zonas aledañas, sino que también ayuda a mejorar la imagen de la ciudad. Repercute en su marca. Atrae al turismo.
Así lo entienden los organizadores del Premio Europeo del Espacio Público Urbano, que desde el año 2000 cuando nació en Barcelona, tienen el objetivo de reconocer las obras que se hicieron para crear, recuperar o mejorar espacios de varias ciudades del viejo continente.
www.publicspace.org/es

Recuadro
Somos más
Cada vez hay más habitantes en las megaciudades (aquellas con más de 10 millones de habitantes). En 1950 habi?a apenas dos (Nueva York y Tokio) pero hoy hay 20 y pronostican 40 para 2030.
La arquitecta Amanda Burden fue jefe de planificación urbana de Nueva York bajo la administración Bloomberg y encabezó el rediseño estructural que sufrió la ciudad tras el atentado del 11S. En su conferencia “How public spaces make cities work”, Burden cuenta detalles sobre cómo reconvirtieron el High Line Park, uno de los proyectos urbanísticos más innovadores sobre el aprovechamiento del espacio público. Anclado al oeste de Manhattan (en el meatpacking district), es un espacio de más de dos kilómetros de vías de ferrocarril abandonadas en 1980 y convertido en un basural. Burden y su equipo lo transformaron en un parque de usos múltiples en las alturas, con más de 12 accesos diferentes e inaugurado en 2009. La iniciativa arquitectónica trascendió a la obra en sí, contribuyó a revalorizar la zona y elevó el valor de las casas y los comercios cercanos. Hoy la zona es un polo gastronómico y artístico y una de las más cool de NY, visitada tanto por residentes como por turistas. Empresas como Google instalaron allí sus oficinas. Pero también es uno de los espacios más codiciados y disputados por millonarios proyectos que quieren instalar tiendas y shoppings comerciales. “No importa cuán importantes y exitosos sean los espacios públicos. Nunca se los puede dar como algo seguros que siempre estarán ahí. Hay que defenderlos”, aseguró Burden.

La tecnología también ha creado nuevos espacios públicos no físicos, es decir, que nacen de manera virtual en las redes (web, 3G, etc) pero se reproducen físicamente en diferentes puntos de las ciudades. La movida Social Street (www.socialstreet.it) es un ejemplo. Fue creada hace dos años por Federico Bastiani, un italiano de 37 años graduado en Economía que vive en Bologna. Cuando se mudó, creó el grupo cerrado en Facebook “Residentes de via Fondazza”, la calle histórica de unos 500 metros de largo. El objetivo fue entablar relaciones sociales con sus vecinos desconocidos y generar un sentido de comunidad. Solidaridad y colaboración, proyectos, eventos, ideas, descuentos en comercios y otras iniciativas surgieron a partir de su idea. Hoy ya existen unas 365 Social Street en todo el mundo que involucran a unas 20.000 personas de ciudades de Francia, Nueva Zelanda, Croacia y Brasil, entre otros países.

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4 February 2015

Ana Juan: “Hay que trabajar con el corazón ardiendo y la cabeza fría”

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eBlog entrevistó a la dibujante española de “Solidarité”, la ilustración sobre el atentado en París que terminó en la tapa de la prestigiosa revista norteamericana The New Yorker.

Su nombre explotó en las redes sociales apenas el famoso semanario The New Yorker difundió lo que sería su tapa sobre el atentado a la revista satírica Charlie Hebdo en París, que el 7 de enero mató a doce trabajadores de la editorial y conmocionó al mundo. Se llama Ana Juan, tiene 54 años y es una dibujante española. Su lápiz negro con punta roja apuntando al cielo en forma de Torre Eiffel dio la vuelta al mundo en pocas horas. El dibujo fue bautizado “Solidarité” y es una Torre-lápiz que se eleva sobre una base de sangre, bien erguida como metáfora de la resistencia ante el horror y el espanto. Pocas horas después, el lápiz, cientos de miles de lápices en alto como antorchas de grafito, se transformaron en uno de los símbolos más potentes de las multitudinarias marchas en la capital francesa.
Medio siglo antes de esa tapa y el lápiz, Ana nacía en la ciudad de Valencia y durante su infancia y adolescencia se dedicaría a dibujar sin parar. “Me pasaba la vida dibujando, por lo que mi pragmática familia, y a pesar de mi negativa, decidió hacer de este entretenimiento un oficio. Por eso desde muy jovencita estuve preparándome para el examen de ingreso en la Facultad de Bellas Artes de Valencia. Los años pasaron y aprendí a amar mi profesión. Hoy por hoy, no puedo estar más agradecida a esa madre que me empujó a estudiar Arte”, cuenta desde su estudio en Madrid poco después del atentado. Dice que está desbordada por las repercusiones que tuvo la tapa.

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Sus primeros trabajos fueron a partir de 1983 como dibujante de historietas en blanco y negro en las revistas La Luna de Madrid y Madriz. Ingresó en el mundo de la literatura infantil cuando ilustró el libro Frida, publicado en el mercado norteamericano. Pero el salto internacional lo pegó en 1995 cuando empezó a colaborar con The New Yorker donde hasta la fecha publicó más de veinte tapas, entre las que se incluyen las ediciones del primero y décimo aniversario de la caída de las Torres Gemelas. Con el correr de los años publicó en Rolling Stone de Estados Unidos, El País de España y en Los Angeles Times, entre otros medios importantes.
Ana es una artista multifacética que hizo de todo: desde carteles y tapas de revistas internacionales hasta libros para chicos y adultos, avisos publicitarios, animaciones, portadas de CD´s e ilustraciones para distintos medios. Incluso también pinta, escribe y realiza esculturas que casi no se conocen. Su estilo sensible navega en la oscuridad del alma humana, que se confunde con la belleza de lo irreal, la fantasía y lo onírico. Ella confiesa tener una debilidad por las historias transgresoras y un poco irreverentes. En 2010 el Ministerio de Cultura de España le entregó el Premio Nacional de Ilustración. Es considerada una de las mejores ilustradoras de Europa.

-¿Cómo llegó su dibujo a la tapa de The New Yorker?
-Colaboro con la revista desde hace casi 20 años. Cuando ocurrió atentado la directora de arte nos envió un mensaje a todos los ilustradores con los que habitualmente trabaja pidiéndonos ideas para crear una galería de imágenes en el sitio web de la revista. Entonces envié algunas ideas y de ellas seleccionaron una. Más tarde, el editor decidió no seguir adelante con la galería de imágenes y prefirió buscar una imagen para el interior de la revista. Y al final, decidieron retirar la portada que ya estaba aprobada para la semana siguiente y en su lugar utilizar mi imagen. Me llamó la directora de arte para contarme la noticia.

-¿En qué se inspiró para dibujarla?
-Fui a lo simple y concreto. Soy de la idea de que hay que intentar trabajar con el corazón ardiendo y la cabeza fría. Entonces hice tres bocetos. Si piensas en París y sus iconos, la Torre Eiffel surge primero. Y luego el instrumento básico de todo dibujante; un lápiz. Entonces la idea cobra forma. La clave es cómo la cuentas.

– ¿Con qué materiales fue realizado?
-Tinta y carbón, nada más.

-Su dibujo es la tapa de una edición que quedará en la historia no solo de la revista, sino también de los medios mundiales cuando se recuerde este tema. ¿Qué siente ahora? La repercusión en las redes fue impresionante…
-Sinceramente, siento un gusto amargo porque no quisiera haber tenido que realizarla. De todos modos, pasar a la posteridad me tiene sin cuidado porque… no estaré allí.

-También has hecho la portada del décimo aniversario del 11S para la misma revista. ¿Qué diferencias encuentra en cuanto a la repercusión de ambas?
-La portada que hice para el 11-S tuvo una repercusión parecida a esta última pero con la diferencia de que habían pasado diez años del atentado y los sentimientos eran otros. Sentimientos profundos pero más calmados. Sin embargo, con respecto a la portada “Solidarité”, esta se gestó y publicó mientras estaban aconteciendo los desgraciados hechos por lo que hay un sentimiento desgarrador que se trasluce en todas las repercusiones sobre el tema, incluida la portada.

-A qué le atribuye que sea la autora de dos tapas para dos atentados musulmanes tan dramáticos?
-Yo no lo elegí, no es una elección personal. Creo que simplemente mis propuestas concordaban con la dirección de la revista. No puedo atribuirlo a ningún otro factor.

-¿Cuál es su opinión personal del atentado? ¿Cómo repercute en su intimidad?
-Mucha indignación, incredulidad, rabia, impotencia. La sensación de que estamos viviendo una guerra inusual donde es casi imposible ser un ganador pero donde lo único que podemos hacer es seguir adelante y no permitir que coarten nuestra vida ni los derechos adquiridos después de tantas luchas para que la sociedad avance.

-¿Cómo definirías tu propio estilo de dibujo?
-No tengo una definición. Intento la comunicación entre el autor y el lector. Después de tantos años, creo que mi estilo es, simplemente, el resultado de intentar resolver todas mis carencias como creadora.

-Cual de todas las portadas que hizo para New Yorker es la que más le gusta? ¿Por qué?
-Todas tienen un lugar en mí, pero quizás la titulada “Action ” y que fue realizada en abril de 2003 al principio del “conflicto” en Irak, sea una de las que elija. Creo que fue en esa donde el mensaje que se quería transmitir tal vez haya encontrado una buena síntesis gráfica.

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-¿Aún recuerdas qué solía dibujar de niña y adolescente?
Sí, claro. Me contaba historia mientras las dibujaba. Aún hoy sigo haciéndolo. Historias de amor y misterio.

Sitio oficial: Ana Juan

Otros trabajos:

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28 May 2014

All you need is Lab

(Columna publicada en la revista Wobi de junio-julio 2014)

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Nacieron como un brazo ejecutor de las ideas y teorías que rebotaban dentro del famoso Media Lab del MIT y hoy se esparcen como hormigas por el mundo. Generan nuevos talentos, promueven la cultura libre y colaborativa y, como una gigantesca cocina industrial, amasan la harina con la que se cocinará nuestro futuro digital. Son los Fabs Labs, la abreviatura de “Fabrication Laboratory”.
Se trata de fábricas digitales de objetos físicos, equipados con tecnologías de última generación que tienen como objetivo principal la invención pero también democratizar el acceso a la fabricación personal y colaborativa. Es decir, generar espacios y oportunidades en forma de talleres donde cualquiera que esté interesado pueda llevar adelante ideas y proyectos propios o ajenos. Surgieron a principios de los 2000 por impulso del físico Neil Gershenfeld, profesor y director del Bits & Atoms Center del ya legendario Massachusetts Institute of Technology (MIT). Mediante su profético libro “Cuando las cosas empiecen a pensar” (que en nuestro país editó Granica en 2001), Gershenfeld fue uno de los pioneros en instalar la idea conceptual de la Internet of Things (Internet de las cosas, de los objetos conectados). Les recomiendo googlearlo y leerlo.

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22 April 2014

Historia de una tapa famosa

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El 20 de junio de 1967 salió la edición 234 del semanario Primera Plana, la ya mítica revista semanal fundada por Jacobo Timerman y dirigido por Tomás Eloy Martínez. La tapa fue una osadía porque pusieron a un escritor todavía desconocido, un tal Gabriel García Márquez quien estaba por publicar en Buenos Aires una novela que prometía: Cien años de Soledad.

La tapa fue consecuencia de la insistencia del editor de la editorial Sudamericana Francisco Porrúa, quien no dudó en taladrar a Eloy Martínez para que le diera un espacio al joven escritor colombiano. “Es una novela perfecta, una obra maestra”, le repetía. “Hará historia”. Eloy Martínez, con gran olfato, envió a México al periodista Ernesto Schoo para entrevistar al joven Gabo.

En la imprescindible biografía “Timerman” (Sudamericana, 2003), su autora Graciela Mochkofsky escribió: “El descubrimiento de García Márquez fue uno de los aciertos más memorables (de la revista) (…) Schoo, que nunca antes había escuchado hablar de García Márquez, lo encontró “enormemente simpático”. (…) Poco después el escritor colombiano llegó a Buenos aires”.

“Es una metáfora de toda la vida americana y de sus peleas, sus malos sueños y sus frustraciones”, escribió Eloy Martínez en aquella edición de la revista sobre la novela que se estaba por lanzar al mundo.

Después de que Eloy Martínez se la juegue con esa tapa y de la visita a Buenos Aires de García Márquez en esos días, ambos se hicieron amigos para el resto de sus vidas.

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