Este video es excelente, lo mostró jlori en Twitter. La clave es esperar hasta el final. Se mostró en febrero, durante una presentación interna en Inglaterra de la conocida editorial Dorling Kindersley, que publica libros de todo tipo.
Fue dirigido por Zoe Uffindell, de Kahaki Films, quien fue entrevistado en este sitio (en inglés). Cuenta que se inspiró en Inspirado en Truth, realizado por el argentino Ernesto Savaglio para la campaña política de Ricardo López Murphy.
Que mala suerte la de la revista Caras! Salió hoy a la mañana con el título de tapa “Antonio Grimau busca a su hijo”. No es la primera vez que se comen una tapa semejante.
A fines de enero, en tapa, Maradona diciendo “Este hijo es muy deseado” con una foto junto a su novia. Pero para cuando salió la revista, ya era sabido que la pareja había perdido al hijo.
Desde hace un par de décadas, cada evento deportivo (Mundial, Juegos Olímpicos, Copa América, etc.) que organiza un país tiene su respectivo logo y mascota. Estas criaturas en general simpáticas sirven como perfecta excusa para el millonario negocio del merchandising. Así, se estampan en remeras, gorros, llaveros, lapiceras, corbatas y cualquier otro producto.
El completísimo sitio Aldaver está plagado de logos y mascotas de Juegos Olímpicos, Copas y Mundiales de fútbol separados por fecha y lugares. Allí es posible encontrar, entre otros, el Gauchito, la mascota oficial del Mundial ´78 organizado en la Argentina y al desconocido Gardelito, el de la Copa América ´87, también organizada por nuestro país (que ganó Uruguay y brilló el pibe Valderrama, pero el equipo de Bilardo y Maradona tuvo una mediocre actuación).
¿Se acuerdan la mascota de Italia ´90? se llamaba Ciao:
Una mascota que permanecerá para siempre en nuestra memoria (aunque no quieran!) es Pique, el personaje del mundial México 1986.
Los últimos mundiales se caracterizaron por mascotas horripilantes, como la de Estados Unidos en 1994. El perro se llamaba Striker y fue un fracaso de ventas. ¿Cuál es la mascota de Sudáfrica? Es un leopardo y se llama Zakumi (“za”, por la denominación del país organizador en uno de los 12 lenguajes oficiales de Africa y “kumi”, una traducción de “diez”, por el año de este Mundial):
Ideada por Anne Sophie Dutat, una francesa inquieta que el año pasado vino a vivir a Buenos Aires, nació Guía Vulevú, una propuesta para mirar la ciudad de una forma nueva: descubriendo la Paris escondida en Buenos Aires.
Entonces una extranjera ansiosa por conocer la ciudad se convierte en nuestra mejor guía, mezclando dos culturas bien diferentes pero rescatando los puntos en comun, que según cuenta, son muchos y variados.
-¿Por qué decidiste armar una guía?
-Porque noté que muchos porteños conocían muy poco la ciudad y hay sitios que sólo visitás si estás de turista, pero que valen la pena! Muchos de estos lugares a su vez me hicieron sentir un poco más cerca de mi país y me di cuenta de lo francés que puede ser Buenos Aires. Quiero compartir todos estos lugares, porque sé que cuando vivís y trabajás en una ciudad no tenés mucho tiempo para salir a buscarlos.
-¿Cuáles son algunos de esos lugares?
-Bueno, todos van a parar a la Guia, pero me gustan particularmente sitios como el mercado de Dorrego donde encontré muchas antiguedades europeas del siglo pasado, el patio de Museo Evita para almuerzos al aire libre o una cena bajo una noche estrellada, la terraza de Croque Madame dentro de la librería Eterna Cadencia en Palermo y los desayunos en Voulez Bar. Pero la lista sigue! Read more »
En un debate organizado por Planeta sobre el periodismo de investigación, la semana pasada se juntaron varios periodistas alrededor del libro El Dueño de Luis Majul, que relata la historia de Néstor Kirchner y la corrupción durante su gobierno. El libro ya es un éxito de ventas: más de 200 mil ejemplares en pocos meses.
Pero Víctor Hugo Morales, uno de los periodistas presentes en la mesa, arremetió duro contra el libro de Majul, a quien acusó ser “capaz de hacer cualquier cosa por el rating”. Dijo, entre otras cosas, que “llamar periodismo de investigación al libro de Luis sería faltarle el respeto al periodismo de investigación”.
Por su parte, Majul le respondió con una contundente columna publicada en Perfil.
Leí parte del libro y me parece que Víctor Hugo se equivoca. En concordancia ideológica con el gobierno de los Kirchner desde hace ya un buen tiempo, Víctor Hugo se ensañó demasiado con su colega bajo el paraguas de una supuesta libertad para decir lo que piensa, cosa que ya sabemos, es su principal caballito de batalla. Pero más allá de esa libertad -irreprochable y de una valentía admirable- también hay que saber que existen los lugares y las formas.
A Morales puede no gustarle el estilo siempre particular de Majul (escritura frenética, ciertos errores de sintaxis, etc.) y hasta no coincidir con su enfoque ni con su postura, pero si leyó el libro (cosa que el autor pone en duda) no puede negar que hubo una profunda investigación detrás para llevar a la superficie una gran cantidad de hechos de corrupción y negociados bajo la sombra del poder, ignorados por una enorme cantidad de medios durante casi todo el primer gobierno K -incluso Clarín, cuando los negocios todavía sostenían una buena relación entre el Grupo y Kirhner- .
En su libro, Majul da nombres, fechas, fuentes y reconstruye diálogos de personajes clave de este y el anterior gobierno de Néstor. Y hasta montos y cifras de coimas y negociados. ¿No debería ser suficiente?
Alguien dijo hace poco que durante los ´90, cuando durante la corrupción menemista proliferaron los libros de investigación periodística que desnudaban los negocios sucios del poder, los periodistas que investigaban eran considerados casi patriotas. Pero quienes lo hacen hoy son “conspiradores”.
Esto es lo que CFK llama judicialización! Las empresas de tecnologías móviles se están tirando con cartas documentos y acusaciones de todo tipo por plagio de patentes. Para entender un poco semejante embrollo y quién está contra quién, el New York Times armó este gráfico (click para agrandar):
Desde hace varios meses que mis lunes arrancan muy temprano. A las 8 en punto estoy sentado frente a mi psicóloga con cara de dormido, la voz muy ronca y con muy pocas ganas de hablar. Pero ya estoy acostumbrado y después de tantos años de terapia (con otro psicólogo), ocurre algo parecido: cuantas menos fichas uno le pone a esa sesión, mejor resulta y te vas con más certezas (y más preguntas, lo cual siempre es positivo).
Hay un detalle importante: mi psicóloga atiende en mi edificio. No tengo que trasladarme por la calle para llegar puntual. Con salir de mi casa 7:59, llego perfecto. Tengo que bajar hasta el lobby del edificio e ir hasta el otro ascensor (el del ala “A) y de ahí subir unos pisos. Siempre que bajo el portero Luis (“encargado”, según él), un paraguayo entusiasta con la selección de fútbol de su país, ya está limpiando o baldeando la vereda. Todavía recuerdo su cara la primera vez que me vió bajar dormido de un ascensor a las ocho de la mañana y meterme en el otro para, a la hora, volver a bajar al hall de entrada. “A quién se estará comiendo a esta hora” fue su pregunta en robusto silencio guaraní.
Vivir en el mismo edificio que mi psicóloga tiene un sólo beneficio. Y es el más obvio: la cercanía y la comodidad que implica no trasladarme para llegar a horario. Una contra es preguntarme siempre si iría a terapia religiosamente todos los lunes si ella atendiera en otro lugar, supongamos, a diez cuadras. Seguro que a las ocho de la mañana no iría ni con riesgo de internación en el borda.
Otro detalle importante: mi psicóloga, vamos a llamarla prudentemente María, no sólo atiende en mi edificio. También vive allí. Por eso me la crucé fuera del horario de terapia varias veces. Casi siempre cuando saca a pasear a su perrito y sólo nos cruzamos un respetuoso y educado “hola, que tal”. Una vez le dije “nos vemos el lunes”, pero no volví a repetirlo porque me pareció muy confianzudo y se acercaba peligrosamente a una especie de cita.
María es una señora elegante y no me acuerdo cuál es su apellido.
Una tardecita me la crucé abajo cuando yo llegaba, mientras en el hall del edificio otros vecinos discutían acaloradamente. Reunión de consorcio. María estaba sentada en el piso de marmol marrón claro, en uno de los dos escaloncitos que hay en el hall. No digo que su imagen se me cayó… pero la vi de otra manera. Ella no discutía. ¿Analizaría en silencio el comportamiento de mis vecinos? Por las dudas, yo apuré el paso y apenas la saludé con la cabeza sin decir nada. No quería interrumpir su terapia.
También, sin buscarlo, aquel día me hice con otro dato de su vida: es propietaria. Tiene un perrito y es propietaria.
Una vez soñé que el edificio se incendiaba en el medio de la noche y todos los vecinos salíamos a la calle con lo puesto: cazoncillos, pijamas, camisones. Y entre los vecinos, los curiosos y los bomberos, estaba María, asustada e indefensa. Como estoy yo cada lunes a las ocho.
Vamos a dejar acá. ¿La seguimos el lunes que viene?