
El pasado viernes 5 el diario norteamericano Los Angeles Times no sólo rompió un límite. También dio una clara muestra de la profunda crisis que sufren los diarios del papel desde hace unos años al vender su tapa a Disney para pautar una publicidad de la película “Alicia en el país de las maravillas” el mismo día del estreno en los Estados Unidos. Fue la primera vez que un diario importante de ese país lleva hasta ese extremo un aviso publicitario.
Desde el diario no anunciaron la cifra que habría pagado Disney. Sólo se limitaron a decir que fue acorde a la importancia que tiene la primera página del diario. Sin embargo, según una blogger, la cifra habría rondado entre 700 mil y un millón de dólares. Las noticias que aparecen debajo del aviso eran viejas y la portada real del día estaba detrás de la que llevaba la publicidad.
Según cuenta The New York Times, la publicidad causó malestar entre los editores periodísticos del diario, quienes se oponían con fuerza a entregar la tapa para el aviso. Tal vez en el país maravilloso de Alicia, los diarios venden muchos ejemplares. Pero en el país real, el tema es bien diferente. Los periodistas tuvieron que aceptar el destino y la decisión de pautar el aviso estuvo en manos del departamento financiero de la empresa.

Terminé hace unos días el primer libro de Gabriela Esquivada, que en realidad nació como tesis académica y después llegó a las librerías. Se trata de una minuciosa investigación sobre la historia del ya mítico diario Noticias, donde formaron una redacción tipos como Francisco “Paco” Urondo, Juan Gelman, Rodolfo Walsh, Miguel Bonasso, Horacio Verbitsky, Tomás Eloy Martínez, Silvina Walger, Martín Caparrós (un entonces joven cadete que daba sus primeros pasos en el periodismo), Carlos Ulanovsky, Roberto Guareschi y otros nombres de prestigio más.
Esquivada despliega su poderoso estilo narrativo para atrapar al lector desde la página uno. Elige un camino arriesgado y triunfa: se distancia de la mayoría de los muchos textos que retratan aquellos violentos años que van del `55 al `76 (Operación Traviata, biografías de López Rega, Rucci, Ezeiza, proscripción y las historias de Montoneros, Triple A, retorno y muerte de Perón, y varios etc.) porque, con una sensibilidad difícil de encontrar en otros periodistas y escritores de su generación (la cuestión de género, sin dudas, fue un aporte y condimento clave), retrata los acontecimientos sin caer en lugares comunes ni en golpes bajos y el prejucio acostumbrado. Por el contrario, ofrece atajos constantes a la actualidad (entrevista a hijos y/o nietos de los protagonistas desaparecidos, como en el caso de Javier, el hijo de Urondo, en el Bar homónimo construido con la indemnización que le dio el Estado), necesarios para comprender los acontecimientos desde otra óptica. Pero esos atajos no están insertados como parches de un texto inicial, sino que forman parte de la historia que Esquivada se propuso contar. No da lo mismo hablar de aquel Firmenich omitiendo el actual, al igual que que pasa con otros protagonistas de una historia que, a medida que pasan los años, se despliega cada vez con más capas dignas de ser pensadas y relatadas. Como dice Esquivada más abajo, se trata de “nna historia que continúa. Y continuará”.
Por eso en muchos momentos del libro, el diario Noticias sirve como una excusa perfecta para que Esquivada use ese trampolín que fue aquella caótica redacción para saltar a las aguas que corren desde aquellos días hasta los actuales. También aparecen los indultos de Menem, el oportunismo setentista de los Kirchner, la muerte de Perón, las calles, los nietos recuperados, el horror en las historias contadas por los protagonistas o sus amigos o descendientes directos y hasta graciosas anécdotas de combate (el guardaespaldas de Bonasso) y amorosas, como la que relata Alicia Barrios sobre Caparrós. El tiempo, en muchas de sus formas, sobrevuela durante todo el libro. Todo aquello ocurrió en tan solo nueve meses, que fue el tiempo en que el diario (que por si fuera poco también instaló una nueva manera de periodismo) estuvo en la calle hasta el esperado cierre ordenado por Isabel Perón. Cada una de esos tantos elementos ayudaron a Esquivada a pintar un excelente fresco de esos tiempos, tan lejanos como próximos.
Lo que sigue es una breve charla que mantuve con la autora:
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Sandro ocupa hoy todas las tapas de los diarios nacionales (incluso la de El Cronista, dedicado a los negocios). ¿Cuál te parece la mejor tapa? (click para agrandarlas)




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